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Cómo ajustar el termostato para ahorrar en casa

La calefacción o el aire acondicionado pueden representar una parte muy alta de tu consumo mensual. Por eso, ajustar el termostato para ahorrar no significa pasar frío ni calor: significa evitar que tu sistema trabaje de más cuando no hace falta. Un cambio de pocos grados, bien aplicado y con horarios realistas, puede marcar una diferencia visible en tu factura.

La clave está en dejar de usar el termostato como un interruptor de emergencia. Ponerlo al máximo cuando llegas a casa no calienta ni enfría más rápido. Solo obliga al equipo a funcionar durante más tiempo y aumenta el gasto. Una temperatura estable, combinada con una programación sencilla, suele ser la opción más cómoda y rentable.

Qué temperatura poner para ahorrar sin renunciar al confort

No existe una cifra perfecta para todos los hogares. Influyen el clima de tu ciudad, el aislamiento de la vivienda, el tipo de equipo y cuántas personas hay en casa. Aun así, hay temperaturas de referencia que ayudan a reducir el consumo sin convertir el salón en una nevera o en un horno.

En invierno, una buena base es mantener el termostato en 68 °F (20 °C) cuando hay personas en casa y están despiertas. Para dormir o cuando la vivienda queda vacía varias horas, puedes bajarlo a 60-65 °F (16-18 °C) si el clima y tu sistema lo permiten. Cada grado adicional de calefacción aumenta el trabajo del equipo, especialmente cuando fuera hace mucho frío.

En verano, prueba con 78 °F (26 °C) cuando estés en casa. Puede parecer alto al principio, pero el uso de ventiladores de techo o portátiles mejora mucho la sensación térmica con un consumo muy inferior al del aire acondicionado. Si sales, subir el ajuste unos grados evita enfriar una casa vacía.

No hace falta hacer cambios bruscos de un día para otro. Si normalmente usas 72 °F en invierno o 72 °F en verano, mueve el termostato un grado y mantén esa rutina durante una semana. Así podrás comprobar si el confort se mantiene y cuánto cambia tu consumo.

Ajustar el termostato para ahorrar según tu horario

El mejor ajuste no es el más bajo en invierno ni el más alto en verano. Es el que se adapta a tus rutinas. Si trabajas fuera, tus hijos van a la escuela o el negocio permanece cerrado en determinadas franjas, no tiene sentido climatizar el espacio como si estuviera ocupado todo el día.

Un termostato programable permite definir horarios fijos. Por ejemplo, en invierno puedes bajar la temperatura poco después de salir por la mañana y hacer que vuelva a subir unos 30 minutos antes de regresar. En verano, el aire acondicionado puede reducirse durante las horas en que no hay nadie y recuperar una temperatura cómoda antes de tu llegada.

La anticipación depende de tu vivienda. Una casa grande, con mala aislación o con un sistema antiguo, puede tardar más en alcanzar la temperatura deseada. Haz pruebas durante varios días y ajusta el horario, no la temperatura objetivo. Esta diferencia evita el error habitual de poner el termostato demasiado alto o demasiado bajo para “compensar”.

Si pasas gran parte del día en casa, también hay margen de ahorro. Aprovecha el sol en invierno abriendo cortinas en las horas de mayor luz y ciérralas al caer la tarde. En verano, haz lo contrario: bloquea el sol directo antes de que caliente las habitaciones. Son gestos simples que reducen la carga de tu sistema de climatización.

¿Conviene apagar la calefacción o el aire al salir?

Depende de cuánto tiempo estará vacía la vivienda y del tipo de sistema. Para una salida corta de una o dos horas, suele ser más práctico ajustar unos grados que apagar por completo. Para ausencias de varias horas o durante un viaje, sí tiene sentido usar una temperatura de ahorro.

Con bombas de calor, los retrocesos extremos de temperatura no siempre son la mejor idea. Algunas unidades activan calefacción auxiliar eléctrica para recuperar rápidamente el ajuste, y esa resistencia puede ser cara. En estos casos, baja o sube la temperatura de forma moderada, normalmente entre 2 y 4 °F, y revisa las recomendaciones del fabricante.

También debes tener cuidado si vives en una zona de frío intenso. Bajar demasiado la calefacción puede aumentar el riesgo de tuberías congeladas. La meta es ahorrar sin crear una reparación que termine costando mucho más que cualquier reducción en la factura.

Los errores que hacen que gastes más energía

El termostato ayuda, pero no puede corregir por sí solo una casa que pierde aire o un equipo que necesita mantenimiento. Estos son cuatro errores frecuentes que conviene revisar:

  • Cambiar la temperatura constantemente. Subir y bajar el ajuste varias veces al día obliga a intervenir sin una estrategia. Define una temperatura base y usa horarios.
  • Instalar el termostato en un mal lugar. Si recibe sol directo, está junto a la cocina, cerca de una puerta o frente a una salida de aire, medirá mal y activará el sistema antes de tiempo.
  • Olvidar el filtro del HVAC. Un filtro sucio reduce el flujo de aire, hace que el equipo trabaje más y puede afectar la calidad del aire interior. Revísalo con regularidad.
  • Tapar rejillas o cerrar demasiadas habitaciones. El sistema está diseñado para mover un volumen de aire concreto. Bloquear salidas puede generar desequilibrios y no siempre ahorra.

Otro error común es pensar que un termostato inteligente garantiza ahorro automático. Puede ayudar mucho porque aprende rutinas, permite controlar el sistema desde el celular y muestra reportes de uso. Pero solo ahorra si la programación refleja la vida real. Si todos los días lo anulas para bajar la temperatura, la tecnología no resolverá el problema.

Antes de comprar un termostato inteligente, revisa esto

Un modelo inteligente puede ser una buena inversión si tus horarios cambian, viajas con frecuencia o sueles olvidar ajustar la temperatura al salir. También es útil para hogares donde cada miembro tiene una rutina distinta y nadie quiere estar pendiente del sistema.

Antes de instalarlo, confirma que sea compatible con tu equipo. Algunos sistemas requieren un cable común, conocido como cable C, para alimentar el dispositivo. Las bombas de calor, sistemas multietapa y equipos con zonas independientes pueden necesitar una configuración específica. Si no estás seguro, es preferible consultar a un técnico que hacer conexiones a ciegas.

No necesitas el modelo más caro para ahorrar. Un termostato programable básico, bien configurado, puede ofrecer mejores resultados que uno inteligente usado en modo manual. Primero define tus horarios y tus temperaturas objetivo. Después elige la herramienta que realmente te facilite cumplirlos.

El ahorro del termostato también depende de lo que pagas por la energía

Ajustar la temperatura reduce el consumo, pero tu factura final también depende de la tarifa que tengas contratada. Dos hogares con un uso similar de calefacción o aire acondicionado pueden pagar cantidades muy diferentes por los cargos de energía, el precio por kilovatio-hora, las franjas horarias y las condiciones de su plan.

Esto se nota especialmente en zonas con tarifas por horario. Si tu plan cobra más en determinadas horas, enfriar o calentar la vivienda justo antes de ese periodo puede ayudarte a evitar parte del consumo más caro, siempre que mantengas el confort y no fuerces el equipo. No se trata de vivir pendiente del reloj, sino de entender qué horas pesan más en tu recibo.

Revisar una factura no debería ser una tarea complicada ni llevarte una tarde entera. Fíjate en el consumo total, el precio de la energía, los cargos fijos y si tu tarifa tiene condiciones que ya no encajan con tus hábitos. Reducir el consumo es el primer paso; asegurarte de no pagar de más por cada unidad consumida es el siguiente.

En Energium analizamos el gasto energético desde ese punto de vista: el ahorro real no depende de una sola medida. Un termostato bien ajustado, un equipo cuidado y una tarifa adecuada pueden trabajar juntos para que pagues menos por la misma comodidad.

Empieza hoy con un ajuste pequeño y sostenible. Si tu casa sigue siendo confortable una semana después, habrás encontrado una forma de ahorrar que no exige sacrificios, solo una decisión mejor configurada.

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